Brad Pitt salva estudio donde Pink Floyd grabó ‘The Wall’

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AFP | Los Ángeles, California.- Como una historia de Hollywood grabada entre olivos al sur de Francia, Brad Pitt restauró los estudios de grabación Miraval, allí donde los Pink Floyd construyeron parte de The Wall, que cayeron en el olvido en los años 2000.

El nombre se popularizó en los últimos años en las revistas del corazón. El actor y Angelina Jolie compraron en 2008 el dominio de 500 hectáreas, 50 de ellas de viñedos, que se convirtieron en objeto de disputa durante su ruidoso divorcio entre las dos estrellas.

Pero los aficionados de la música saben también que este rincón rodeado de olivos, viñedos y cipreses albergaba los vestigios de unos estudios de grabación icónico, donde resonaron las voces y los instrumentos de Pink Floyd, AC/DC o The Cure antes de caer en el abandono durante casi dos décadas.

A finales de 2021, una publicación en Instagram anunció la resurrección de los estudios para el verano boreal de 2022 con una imagen de Brad Pitt, con sudadera verde y gorro blanco, junto a Damien Quintard, un mago del sonido francés desconocido para el gran público.

“Un día recibo un mensaje de Brad Pitt que quiere verme la próxima semana. Pensaba que era una broma”, rememora Quintard en videoconferencia con la AFP.


“No sabía que era por los estudios Miraval. Fue una sorpresa total cuando Brad me entregó el dossier y me preguntó qué podría hacer”, continúa el treintañero.


La estrella de la gran pantalla escuchó hablar de este ingeniero de sonido y productor debido a la disposición sonora que preparó para la reapertura del MoMA (Museum of Modern Art) de Nueva York en 2019.

Santuario
“Siempre ha habido proyectos para restaurar el estudio, que tiene una gran historia y del que esperábamos poder hacer algo especial”, dijo Pitt, guitarrista aficionado en su tiempo libre, al medio musical estadounidense Billboard.


Y qué historias alberga… Por ejemplo, la grabación de una sesión del grupo Yes en los años 1980, contada por su líder Joan Anderson.

“Terminamos en la torre cargados de micrófonos, que grababan los fuegos de artificio lanzados en dirección a la torre para obtener el efecto de un maravilloso final sinfónico… Es posible que hubiéramos bebido mucho vino esa noche”, afirma.


La anécdota está recogida en un libro dedicado a Patrice Quef, ingeniero de sonido del lugar, y recuperado por Manuel Jacquinet, autor de Estudios de leyenda, secretos e historias de nuestros Abbey Road franceses.

Para Quintard, el desafío era enorme: remodelar unos estudios míticos, “cambiar, conservando el alma, honrar el pasado y avanzar al futuro”, como lo describe él.

En su aventura conjunta con la estrella de Hollywood, trata de mantenerse fiel a la “vertiente santuario del lugar creado por Jacques Loussier (1977) a la que también está apegado Brad”.

“Un lugar mágico”
Fue la cantante Sade, que en el pasado ya había grabado entre esas paredes, la encargada de estrenar la segunda vida de Miraval.

“De un lado fue muy emotivo”, dice Quintard. “Y como Brad dice, para los estudios, Sade, la primera artista recibida, es la ‘Realeza'”.


French 79, figura de la música electrónica francesa, alabó recientemente en sus redes sociales “un lugar mágico”, donde pudo trabajar su álbum “en las mismas máquinas que Pink Floyd, The Cure o AC/DC”.

Pero también hay tecnología punta, como una sala de control de diseño que recuerda a la nave de 2001: Odisea del espacio, bañada por la envolvente luz de los atardeceres en el sureste de Francia.

¿Qué se siente al llevar las riendas de un lugar así? “No hay sensación de logro”, comenta Quintard.

“Mi objetivo es que salgan de aquí creaciones magníficas. Juzgar el resultado se hará con el tiempo, como con el vino”.