Los atentados del 11 de septiembre de 2001 no solo dejaron casi 3.000 muertos. También contribuyeron a transformar el orden mundial de las últimas décadas
El mundo que despertó el 12 de septiembre de 2001 ya no era el mismo. Un día antes, dos aviones habían atravesado las Torres Gemelas de Nueva York, otro había golpeado el Pentágono y un cuarto se había estrellado en Pensilvania. Casi 3.000 personas habían muerto. Pero mientras Estados Unidos todavía buscaba sobrevivientes entre los escombros, comenzaba otra transformación mucho menos visible: el orden mundial que había dominado desde el final de la Guerra Fría empezaba a resquebrajarse.
A 25 años de los atentados, expertos consultados por la agencia EFE coinciden en que el 11S abrió una etapa que llevó a Estados Unidos a concentrar enormes recursos políticos, militares y económicos en la lucha contra el terrorismo. Mientras Washington se involucraba en las guerras de Afganistán e Irak, China crecía hasta convertirse en una potencia capaz de disputar su influencia global.
Por eso, 25 años después, las imágenes de las Torres Gemelas derrumbándose cuentan algo más que la historia de un atentado. Marcan el final simbólico de una época en la que Occidente creyó que había dejado atrás sus grandes amenazas y que el liderazgo estadounidense no tenía un rival capaz de disputarlo.
El 11 de septiembre de 2001 acabó con esa certeza. Y el mundo que surgió de sus escombros todavía está intentando definir quién tiene el poder.