Catorce días después del descarrilamiento de un tren cargado de sustancias químicas tóxicas en la pequeña localidad de East Palestine, en Ohio, Estados Unidos, los habitantes siguen exigiendo respuestas.
El incendio provocó el pánico entre los vecinos que vivían a pocas manzanas de distancia, ya que todavía días después, una columna de humo tóxico se elevaba sobre la ciudad, mientras las autoridades quemaban un peligroso producto químico conocido como cloruro de vinilo antes de que pudiera explotar.
En los días siguientes aparecieron miles de peces muertos en los arroyos, confirmaron las autoridades.
Después los vecinos contaron que sus gallinas murieron de repente, los zorros entraron en pánico y sus mascotas enfermaron.
Los residentes ahora se quejan de dolores de cabeza, ardor en los ojos y dolor de garganta.
Ya hay más de seis denuncias colectivas presentadas contra Norfolk Southern por el accidente. En su mayor parte, alegan que perdieron ingresos debido a las evacuaciones, estuvieron expuestos a sustancias químicas que causan cáncer y ya no se sienten seguros en sus hogares.
La Agencia de Protección Ambiental (EPA) clasifica el cloruro de vinilo como carcinógeno, y la exposición cotidiana puede aumentar el riesgo de tumores o daños en el hígado.
El gobernador del estado, Mike DeWine, aseguró el miércoles que, aunque la calidad del aire en la ciudad era segura, los residentes cercanos al lugar del vertido tóxico debían beber agua embotellada como precaución.
Funcionarios estatales y federales han asegurado a los residentes que estaban retirando la tierra contaminada del lugar y que la calidad del aire y del agua municipal es ahora normal.