El 31 de diciembre, a pocas horas de que finalizara el 2023, los satélites cercanos a la Tierra registraron una gigantesca llamarada solar de categoría X5, la más potente registrada desde el 2017 (de X8.2).
Según informó la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), esta erupción solar liberó partículas solares de alta velocidad conocidas como Eyección de Masa Coronal (CME).
Cuando la fuerte radiación emanada del Sol roza los campos magnéticos de la Tierra, existe el riesgo de que se produzca una tormenta geomagnética, que podría perjudicar algunos servicios de comunicaciones, satélites, radios y redes eléctricas.
Asimismo, y dependiendo de la ubicación geográfica, se eleva la posibilidad de observar las famosas auroras boreales y australes, dependiendo de la cercanía a los polos de la Tierra.
Las erupciones solares se clasifican en diferentes categorías como A, B, C, M o X, siendo la última la de mayor envergadura. A estas se le agrega un número para especificar su fuerza.
La NASA también indicó que las llamaradas y erupciones solares son poderosas explosiones de energía y las de clase X pueden afectar a las comunicaciones por radio, las redes de energía eléctrica, a los satélites y a las señales de navegación, como GPS.
Incluso pueden provocar apagones, presentar riesgos para las naves espaciales y los astronautas, y hasta afectar a los aviones que vuelen cerca de los polos de la Tierra, provocando incluso pequeñas dosis de radiación a los pasajeros de estos vuelos.