Las autoridades iraníes interrumpieron el acceso a internet y a las líneas telefónicas en amplias zonas del país la noche del jueves, en medio de una nueva escalada de protestas nacionales que ya dejaron decenas de muertos y miles de detenidos, y que volvieron a poner bajo presión directa al poder político y religioso de la República Islámica.
El balance de víctimas es objeto de fuertes discrepancias, pues la ONG Iran Human Rights, con sede en Noruega, reportó al menos 45 manifestantes muertos, entre ellos ocho menores, y más de 2.000 detenidos en los primeros doce días de protestas.
Mientras que la interrupción de las comunicaciones fue confirmada por la ONG de monitoreo digital NetBlocks y por la empresa de infraestructura Cloudflare, que detectó una caída abrupta del tráfico de datos atribuida a interferencias deliberadas del Estado.
Según NetBlocks, Irán quedó “sometido a un corte de internet a escala nacional”, una práctica ya utilizada por el régimen en episodios anteriores de protesta para dificultar la organización y la difusión de imágenes de la represión.
El apagón digital coincidió con manifestaciones nocturnas en Teherán y otras ciudades, luego de un llamado a movilizarse lanzado desde el exilio por el príncipe heredero Reza Pahlavi, hijo del último sha de Irán, derrocado por la Revolución Islámica de 1979.
Testigos citados por agencias internacionales describieron barrios enteros de la capital con personas gritando desde los balcones y miles de manifestantes en las calles.
Los cánticos incluyeron consignas directamente dirigidas contra el sistema político vigente y su máxima autoridad, el ayatolá Alí Khamenei, como “Muerte al dictador” o “Muerte a la República Islámica”.
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre en el bazar de Teherán, impulsadas por el deterioro económico, la inflación y el colapso del rial, pero rápidamente se extendieron a todo el país.