Los New York Yankees, una de las franquicia más emblemáticas de la Major League Baseball, han sido guardianes de muchas tradiciones inquebrantables en el juego o bueno al menos eso se creía pues Hal Steinbrenner, dueño del equipo, anunció el fin de una de las políticas más estrictas y representativas de la organización: la prohibición del vello facial.
Desde hace casi medio siglo, portar el uniforme a rayas conllevaba una condición innegociable: ni barbas, ni melenas largas, sin excepciones. Una regla implantada por George Steinbrenner en 1973, que convirtió a los Yankees en un símbolo de disciplina y uniformidad dentro de todo el deporte estadounidense. Incluso su modelo fue copiado por otras organizaciones como los Diablos Rojos del México en la época del gerente general Roberto Mansur.
Con esto la franquicia pone fin a una era, pues a partir de ahora, los jugadores y el personal podrán lucir barbas bien cuidadas, en lo que Hal Steinbrenner calificó como un paso necesario para “moverse más allá de la comodidad de nuestra antigua política”.
The Yankees have FINALLY decided to end their policy that banned players from having facial hair pic.twitter.com/PXfaPzDCqe
— Joe Pompliano (@JoePompliano) February 21, 2025
Esta tradición marcó a generaciones por la norma de aseo personal impuesta por George Steinbrenner, inspirada en la estética del ejército, el Boss quería que su equipo reflejara una imagen de profesionalismo y unidad, libre de excentricidades visuales.
Los jugadores podían tener bigotes, pero nada más. Y quienes no acataran la norma eran sancionados o, en algunos casos, no considerados por el equipo. Leyendas como Don Mattingly, Johnny Damon y Brian Wilson tuvieron que ceder ante la política o buscar otro destino.
La rigidez que definía a la franquicia durante el mandato de George Steinbrenner ha dado paso a un enfoque más flexible bajo la dirección de su hijo Hal.
La decisión no fue improvisada. En su comunicado, Hal Steinbrenner explicó que en las últimas semanas había conversado con jugadores actuales y exjugadores de varias generaciones para conocer sus perspectivas sobre la política de aseo. Las opiniones fueron diversas, pero la conclusión fue clara: era momento de actualizarse.