Redacción.- Angela Primachenko de 27 años, dio a luz mientras estaba en coma inducido tras enfermar gravemente del nuevo virus.
Ella trabajaba como terapeuta respiratoria en el Centro Médico Legacy Salmon Creek de Washington, pero desde que se decretó la cuarentena en Estados Unidos tuvo que abandonar sus funciones pues se encontraba en el último trimestre de embarazo.
Sin embargo comenzó a presentar síntomas, tos y fiebre que ya no desaparecía, explicó.
Su familia le dijo que se hiciera la prueba y en los dos días que esperaba el resultado, su estado de salud empeoró de manera rápida y progresiva; había dado positivo.
El 26 de marzo ingresó a la Unidad de Cuidados Intensivos del centro médico en el que trabajaba.
El 1 de abril los especialistas comunicaron a la familia que para salvar a Angela y a su bebé necesitaban inducir el parto, así sus pulmones tendrían más espacio y mejores condiciones de sanar.
Con mucho temor, pero también con fe, David, su esposo, firmó la autorización.
La pequeña a la que llamaron Ava, nació con buena salud, ingresó a la Unidad Neonatal de Cuidados Intensivos por ser prematura y no poder estar junto a su madre, para evitar que se contagiara de coronavirus
Después del parto Angela seguía grave y debilitándose cada vez más. “En realidad teníamos miedo de perderla”, reconoció su hermana. Pero al día siguiente, todo dio un giro, le quitaron la respiración artificial y salió de la unidad de cuidados intensivos.
La mujer pudo dejar la Unidad de Cuidados Intensivos y lo hizo como toda una heroína, en medio de los aplausos y el cariño del personal médico, quienes son sus amigos y colegas.