Paradojas de la vida

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Uno de los inventos más importantes de la humanidad, cuando menos así lo consigna el afamado escritor inglés en su libro Cincuenta innovaciones que han cambiado el mundo, es el arado. Por más sencillo que parezca, esa rústica herramienta, atada a los lomos de un buey, fue lo que permitió la creación de las civilizaciones y el crecimiento de la población.

Gracias al incremento en la productividad agropecuaria causada por el descubrimiento de la agricultura y el invento del arado fue posible alimentar a pueblos cada vez más grandes. Y no solo eso. Los agricultores se volvieron cinco veces más productivos que sus ancestros cazadores y recolectores, por lo que ahora una quinta parte de la población podría producir suficiente alimento para todos.

¿Y qué hizo el resto? Se inventaron oficios, los que dieron origen a las civilizaciones, como el de alfarero, carpintero, panadero, escultor, constructor, minero y, por supuesto, soldado. Y fue así como las guerras comenzaron a proliferar y la historia de la humanidad a redactarse.

Pero las ciudades siguieron creciendo. Otra innovación, mitad invento, mitad descubrimiento, vino a detonar la capacidad de producción agrícola: los fertilizantes. Estos pueden ser de tres tipos, los orgánicos, los inorgánicos y los químicos. Sin fertilizantes, sería muy difícil alimentar a los casi 8 mil millones de seres humanos que habitamos el planeta.

Los fertilizantes son tan importantes en la producción agrícola que su precio está íntimamente ligado al de los productos agroalimentarios. La mayor parte de los fertilizantes que utilizamos en México y en otros países son nitrogenados, cuyo precursor químico es el amoniaco, que a su vez proviene del gas natural, cuyo costo es muy alto, por lo que nuestra capacidad de producción de fertilizantes es nula, al igual que en otros lugares.

La falta de capacidad de producción de fertilizantes nacionales nos vulnera y nos coloca en una situación desventajosa y delicada, y nos obliga a importarlos de países lejanos, los que cuenten con grandes reservas de gas, capacidad de producción y excedentes. Y adivine usted de dónde importamos una parte importante de los fertilizantes que utilizamos en México. Sí, adivinó. De Europa del Este, principalmente de Rusia y Ucrania.

Las guerras son terribles y generan efectos negativos aún en los rubros menos esperados. Ya hemos visto cómo se han encarecido los energéticos, lo que está impactando e impactará aún más, en el precio de productos alimenticios. No solo porque utilizan gasolina y diésel para transportarse, sino porque necesitan fertilizantes a base de gas natural para producirse.

La agricultura permitió la posibilidad de la guerra. Ahora, la guerra está poniendo en riesgo la agricultura. Paradojas de la vida.

Enrique Martínez y Morales

Secretario de Vivienda y Ordenamiento Territorial de Coahuila