En varias ocasiones el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha señalado su interés de recibir el Premio Nobel de la Paz, tal y como lo hicieron cuatro de sus predecesores: “Me lo merezco, pero nunca me lo darán”.
Ahora, sin embargo, el suyo está siendo uno de los nombres más sonados en la previa del galardón de 2025.
Las nominaciones no se hacen públicas hasta después de 50 años, así que no será hasta 2075 cuando sepamos si Trump realmente figuró en las listas del Comité Noruego o no.
A falta de información oficial, son los analistas y medios internacionales los que lanzan sus especulaciones, entre las que encuentran este año las Salas de Respuesta de Emergencias de Sudán, Yulia Navalnaya (la viuda de Alexéi Navalni) o Reporteros sin Fronteras.
El Comité ha sido en el pasado, crítico con el estilo diplomático del actual presidente de EEUU, lo que lleva a los expertos a deducir que sus posibilidades de ganar son bajas. No obstante, el hecho de que haya logrado, dos días antes del anuncio, un primer acuerdo entre Israel y Hamás en el plan de paz para Gaza, hace que los ojos del mundo entero estén puestos sobre él.
No sería la primera vez que un mandatario del gigante norteamericano recibe este premio.
Desde comienzos del siglo XX, Estados Unidos ha desempeñado un papel protagonista en los conflictos y procesos de paz internacionales, lo que le ha valido a cuatro de sus presidentes el Premio Nobel de la Paz.
El primero fue Theodore Roosevelt, en 1906, por mediar en el fin de la guerra ruso-japonesa. Décadas después, Woodrow Wilson lo recibió por impulsar la creación de la Sociedad de Naciones tras la Primera Guerra Mundial.
Ya en la segunda mitad del siglo XX, Jimmy Carter fue reconocido en 2002 por su labores humanitarias y de mediación, entre las que destacó su papel en los Acuerdos de Camp David, que acercaron a Egipto e Israel tras décadas de enfrentamiento. En 2009, por su parte, Barack Obama recibió el galardón pocos meses después de llegar al poder, como una apuesta simbólica por su discurso y su promesa de un nuevo liderazgo global, aunque luego su mandato evidenció los límites de esa aspiración, con guerras abiertas en Afganistán y Libia.
Trump llegó a su segundo mandato con las guerras de Ucrania y Gaza activas, un contexto que ponía a prueba su papel como líder global. En este sentido, en los últimos meses ha intentado posicionarse como mediador. Aun así, su retórica sigue siendo contradictoria: en un discurso reciente llegó a plantear la idea de convertir Gaza en un resort de vacaciones.