El gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le quitó a la Universidad de Harvard el derecho a inscribir a estudiantes extranjeros.
Una medida afecta directamente a los seis mil 800 estudiantes nacidos fuera del país, es decir, 27.2% del total de la casa de estudios y procedentes de 140 naciones diferentes.
En una carta dirigida al presidente de la universidad, Alan Garber, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, ordenó suspender la certificación del Programa de Estudiantes y Visitantes de Intercambio (SEVIS).
El SEVIS es un sistema que permite a los estudiantes extranjeros estudiar en Estados Unidos.
Esto incluye todos los registros disciplinarios de estudiantes no residentes matriculados durante los últimos cinco años.
Noem acusa a la universidad de fomentar la violencia, el antisemitismo y coordinarse con el Partido Comunista Chino en el campus.
Por su parte, la casa de estudios respondió que buscará mantener a su matrícula extranjera:
“Estamos totalmente comprometidos a mantener la capacidad de Harvard para acoger a nuestros estudiantes y académicos internacionales, que provienen de más de 140 países y enriquecen inmensamente la Universidad y esta nación”.
El presidente Donald Trump está furioso con Harvard -de donde han salido 162 premios Nobel- por rechazar su exigencia de que se someta a supervisión en materia de admisiones y contrataciones. Para el mandatario, la universidad es un foco de antisemitismo e ideología liberal progresista.
Su administración ya amenazó con revisar 9,000 millones de dólares de financiación gubernamental a Harvard, congeló una primera partida de 2,200 millones de dólares en subvenciones y 60 millones de dólares en contratos oficiales, y deportó a un investigador de la Facultad de Medicina de esa universidad.
La pérdida de estudiantes extranjeros -más de una cuarta parte del alumnado- podría resultar costosa para Harvard, que cobra decenas de miles de dólares anuales en matrícula.