El incendio Dixie, que arde desde hace tres semanas redujo a cenizas casi todo el centro de una población en el norte de California, destruyendo viviendas mientras los bomberos se preparan para nuevos estallidos en medio de un clima peligroso.
Las llamas acabaron con una gasolinera, un hotel y un bar entre muchos otros inmuebles en el pueblo fundado durante la fiebre del oro californiana, con edificios de hace más de un siglo.
“Esta noche perdimos Greenville”, dijo el legislador Doug LaMalfa, que representa la zona en Washington, “No hay palabras”.
“Hicimos todo lo que pudimos”, dijo el portavoz de los bomberos Mitch Matlow. “A veces no basta”
A principios de la semana unos 5 mil bomberos avanzaron en la contención, salvaron algunas viviendas amenazadas y rodearon un tercio del perímetro.
Se enviaron más camiones y topadoras para reforzar el combate; el miércoles, el incendio creció a miles de hectáreas y se ordenó la evacuación de 4 mil personas.
Casi 26 mil 500 personas de varios condados han debido abandonar sus hogares.