Redacción GMN | Tras casi dos años de ofensiva militar iniciada por Israel en octubre de 2023 con el objetivo de eliminar a Hamas, la Franja de Gaza enfrenta una devastación casi total. Más del 90% de la población ha sido desplazada, mientras la infraestructura civil (como hospitales, escuelas y viviendas) ha sido severamente dañada por los bombardeos. Naciones Unidas estima que la reconstrucción del enclave podría tardar más de una década, en medio de una crisis humanitaria extrema y sin un plan claro para el futuro del territorio.
El sistema de salud se encuentra al borde del colapso. De los 36 hospitales que había en el enclave, más de la mitad están fuera de servicio y los restantes operan con recursos mínimos, sin combustible, camas, ni medicamentos suficientes. Personal médico internacional reporta intervenciones sin anestesia, atención limitada a heridos y miles de personas atrapadas en zonas de difícil acceso. El 80% del territorio está bajo órdenes de evacuación, lo que impide incluso las labores de ayuda.
La situación de los niños es especialmente crítica. Al menos 66 menores han muerto por no recibir suficientes nutrientes y calorías. Cientos de miles enfrentan daños psicológicos severos, según Naciones Unidas. El conflicto ha interrumpido dos ciclos escolares completos y más de 500 escuelas han sido afectadas por los ataques. La falta de acceso a educación, salud y condiciones básicas de vida pone en riesgo a toda una generación.
La entrega de ayuda humanitaria también enfrenta serias dificultades. Desde mayo, el ejército israelí controla los pocos centros de distribución bajo la Fundación Humanitaria de Gaza (FHG), lo que ha reducido drásticamente el acceso a alimentos y provocó incidentes con más de 600 muertos y 4.000 heridos entre quienes buscaban asistencia. Organizaciones como Amnistía Internacional denuncian el uso de la ayuda como arma de guerra y la inacción de la comunidad internacional ante una catástrofe que afecta a más de dos millones de personas.