Por: Contra
Ciudad de México, México.- El Día de Muertos en México está lleno de tradiciones que van más allá de las ofrendas, el pan de muerto y las visitas al panteón. En distintas regiones del país, las familias mantienen rituales que combinan creencias ancestrales, música, comida y recuerdos para honrar a quienes ya fallecieron.
Aunque algunas de estas costumbres son ampliamente conocidas en sus comunidades, para muchas personas resultan sorprendentes. Estas son seis tradiciones poco conocidas que forman parte de la celebración.
1. Choo Ba’ak: limpiar los huesos de los difuntos en Campeche
En Pomuch, Campeche, las familias mantienen una tradición conocida como Choo Ba’ak, que consiste en limpiar los huesos de sus seres queridos después de tres años de su fallecimiento.
Durante el ritual, los familiares abren los osarios, limpian cuidadosamente los restos con brochas o trapos y los envuelven en una sábana nueva llamada Le Kéex Nok, que lleva el nombre del difunto.
La práctica representa una forma de mantener vivo el vínculo con quienes ya partieron. Incluso, durante la limpieza, algunas personas conversan con los restos y les cuentan lo ocurrido durante el año.
2. Ofrendas para las ánimas solas y olvidadas
En distintas partes de México también se colocan ofrendas dedicadas a las ánimas solas, es decir, a las personas fallecidas que ya no tienen familiares o alguien que las recuerde.
Estos altares no requieren elementos específicos. Su propósito es ofrecer un gesto de solidaridad y afecto hacia quienes, de acuerdo con la tradición, también merecen ser recordados durante el Día de Muertos.
3. La noche de las brujas en Puebla, Tlaxcala y el Estado de México
En algunas comunidades rurales de Puebla, Tlaxcala y el Estado de México persisten relatos sobre brujas que vuelan durante la noche y buscan a los recién nacidos.
De acuerdo con estas creencias populares, durante las noches del 1 y 2 de noviembre las brujas y las almas errantes se encuentran más activas.
Por ello, algunas madres y abuelas acostumbran colocar tijeras abiertas, agujas cruzadas, espejos o biblias debajo de las cunas para proteger a los bebés.
Estas prácticas forman parte de la tradición oral de las comunidades y reflejan antiguas creencias sobre el mundo sobrenatural.
4. El Xantolo: música y danza para recibir a los difuntos
En la región de la Huasteca, el Xantolo es una de las celebraciones más representativas del Día de Muertos.
Las familias preparan ofrendas con alimentos, bebidas, flores y velas, además de realizar cantos y rezos dedicados a sus seres queridos.
Una de sus características más importantes es la música. Los sones huastecos y huapangos acompañan las danzas y los rituales, con músicos que recorren casas, calles y panteones.
5. La cena con los muertos en Mixquic, Ciudad de México
En San Andrés Mixquic, uno de los pueblos originarios de la alcaldía Tláhuac, las familias mantienen la tradición de pasar la noche en el panteón junto a las tumbas de sus seres queridos.
Durante la celebración llevan alimentos, bebidas y música, e incluso pueden contratar mariachis para acompañar el encuentro.
La costumbre simboliza la convivencia entre vivos y muertos, pues se cree que durante estas fechas las almas regresan para reunirse con sus familiares.
6. La Danza de los Diablos en Guerrero
En la Costa Chica de Guerrero, la Danza de los Diablos representa una de las expresiones culturales más importantes de la herencia afromexicana.
Los participantes utilizan máscaras de diablo con melenas de caballo, visten trajes coloridos y bailan al ritmo de tambores e instrumentos tradicionales.
Además de su relación con las celebraciones de Día de Muertos, esta danza simboliza la resistencia y la identidad cultural de las comunidades afrodescendientes.
7. Mucbipollo: el alimento que conecta a los vivos con sus ancestros
En Yucatán, las familias mayas preparan el mucbipollo, un tamal de gran tamaño elaborado con masa de maíz, carne, especias y verduras, envuelto en hojas de plátano.
Tradicionalmente se cocina enterrado en un horno de tierra con brasas, una técnica que forma parte de la preparación ancestral de este alimento.
Una porción se coloca en el altar para los difuntos, mientras que el resto se comparte entre los familiares. De esta manera, la comida se convierte en un símbolo de convivencia y memoria.