Las medidas de confinamiento y restricción de la actividad económica dispuestas por el gobierno de Nuevo León para minimizar la propagación del COVID-19 han dejado como “daño colateral” el cierre de miles de negocios y han orillado a muchos más a estar en riesgo de quiebra.
Si bien las autoridades estatales de salud han logrado desacelerar los contagios, parece haber un fallo en mantener el equilibrio entre cuidar la salud y la economía.
El más conocido caso ha sido el cierre del parque Fundidora, que tuvo que dejar de operar al no poder costear sus gastos ante los bajos ingresos y hasta el momento, el gobierno no ha podido resolver un esquema que le permita reabrir.
De acuerdo al Horizonte, otro ejemplo de esta situación es el sector restaurantero, en el que ha golpeado duro a aproximadamente 3,800 locales que ya han cerrado por no poder sostenerse ante la falta de clientes, según Canirac, sucediendo lo mismo con los gimnasios.
Julio César Arteaga, economista y catedrático de la UANL, alertó que el pago de rentas y servios ha puesto en jaque y riesgo de quiebra a miles de negocios.
Miles de negocios sufrieron tras meses de paro por la pandemia y creyeron que habría un respiro con el inicio del proceso de reapertura, pero el recién ordenado toque de queda echó todo abajo.