El pueblo libanés intenta recuperarse del horror causado por las fuertes explosiones registradas en el puerto de Beirut este martes que dejó decenas de muertos y miles de heridos.
Según informó la Cruz Roja libanesa este miércoles, suman ya 100 víctimas mortales y más de 4.000 heridos, cifras que temen aumenten dada la cantidad de desaparecidos que pueden estar entre los escombros de los edificios colapsados.
El incidente causó además graves destrozos materiales en el puerto y zonas colindantes.
Las autoridades de Líbano apuntan que lo ocurrido se debió a la explosión de una gran cantidad de fertilizante depositado durante seis años en un almacén en el puerto.
El presidente del país, Michel Aoun decretó tres días de luto y anunció un fondo de emergencia por valor de unos US$66 millones.
Sin embargo la pregunta que muchos se hacen es cómo pudo producirse esta mortal explosión; ya hay una investigación en marcha, pero desde el gobierno indicaron que la explosión fue un trágico accidente.
En una reunión de urgencia con el presidente, el primer ministro de Líbano, Hassan Diab, reveló que había un cargamento de 2.750 toneladas de nitrato de amonio que llevaba seis años almacenado en el puerto sin las medidas de seguridad adecuadas.
Los peligrosos químicos habían sido confiscados a una embarcación en 2013, pero lo que nadie explica hasta ahora es qué es lo que hizo que el material prendiera.
¿Un ataque?
En un país como Líbano, que ha vivido una larga guerra civil (1975-1990) y que se encuentra en una región donde no faltan los conflictos, no es extraño que una explosión como la del martes se asocie rápidamente con un ataque intencionado.
Algunas miradas giraron hacia Israel, país vecino con el que Líbano tiene un pasado de enfrentamiento bélico y con el que persisten las tensiones fronterizas.
El episodio más reciente ocurrió la semana pasada cuando el gobierno israelí afirmó que había desmantelado un intento del grupo radical libanés Hezbolá de infiltrarse en su territorio.
Pero un funcionario israelí negó rotundamente que su país tuviese algo que ver con la explosión, y el propio jefe de seguridad libanés también descartó esa posibilidad.
La pandemia de covid-19 ha puesto al sistema sanitario bajo una presión todavía mayor, a lo que se suma ahora la llegada de miles de heridos por la explosión a los hospitales de la capital.