Miles de libaneses protestan este sábado 8 de agosto contra la clase política, a la que responsabilizan de la terrible explosión que devastó una parte de Beirut dejando un saldo de más de 150 muertos, 6 mil heridos y unas 20 personas aún desaparecidas.
En la protesta se reportan hasta el momento 130 heridos.
Dos días después de la histórica visita del presidente francés Emmanuel Macron, la actividad diplomática se intensificó para organizar la ayuda internacional al país de Medio Oriente, en vísperas de una conferencia de donantes.
Por cuarta jornada consecutiva, Beirut se despertó con el ruido de los vidrios rotos en las calles por los habitantes y un ejército de voluntarios, con escobas, movilizados desde muy temprano.
Hay 300 mil beirutíes que se quedaron sin hogar tras la tragedia y todavía muchos desaparecidos, mientras se reducen las esperanzas de hallar supervivientes; muchos libaneses piden cuentas a una clase política a la que denuncia de negligencia y corrupción.
El presidente Michel Aoun, cada vez más criticado, dijo claramente el viernes que se oponía a una investigación internacional.
Además, tres diputados del histórico partido cristiano Kataeb presentaron su dimisión el sábado, siguiendo el ejemplo de otros parlamentarios que renunciaron a lo largo de la semana.
Unos veinte funcionarios del puerto y de las aduanas fueron detenidos, según fuentes judiciales y de seguridad. Entre ellos se encuentra el director general de aduanas Badri Daher y el presidente del consejo de administración del puerto Hassan Koraytem.
Líbano se encuentra en pleno naufragio económico, tras haber caído en cesación de pagos de su deuda, y sus responsables son incapaces de ponerse de acuerdo en un plan de rescate con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo estar preocupada por la saturación de los hospitales, la escasez de medicamentos y equipos médicos, y pidió unos 15 millones de dólares con este fin.