Redacción GMN | El reciente intercambio de prisioneros entre Estados Unidos y Venezuela ha sorprendido a muchos. Diez ciudadanos estadounidenses fueron liberados por el gobierno de Nicolás Maduro, mientras que EE.UU. repatrió a 252 venezolanos deportados a El Salvador este año. El acuerdo evidencia un giro inesperado en la relación bilateral.
A pesar de las diferencias ideológicas y los roces históricos, el trato demuestra que los gobiernos de Trump y Maduro han encontrado formas de colaboración. La liberación de presos políticos y negociaciones previas, como la visita de Richard Grenell a Caracas, marcaron el camino hacia este resultado.
Aunque el acuerdo ha generado tensiones dentro del gobierno estadounidense, y aún no está claro si incluye concesiones como permitir operaciones de Chevron en Venezuela, analistas destacan que se impuso una línea más transaccional y menos ideológica, inclinada a negociar con el régimen venezolano.
La operación también revela contradicciones en las políticas migratorias de EE.UU., especialmente tras aceptar el retorno de venezolanos acusados previamente de pertenecer al Tren de Aragua. Expertos señalan que esta decisión expone un doble estándar en cómo se maneja el concepto de terrorismo internacional.