China pone en marcha un plan para manipular las nubes y lluvias del país

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Redacción.- China tiene la intención firme de controlar el clima. Manipulando las nubes. La lluvia. La nieve. O el granizo. Y lo quiere hacer a una escala nunca vista. En más de la mitad del país. En más de cinco millones de kilómetros cuadrados. En un territorio equivalente a una decena de veces el español.

El Consejo de Estado lo anunció de manera oficial el pasado mes de diciembre. Y tiene intrigados a todos, hasta el punto de hacer crecer las tensiones entre vecinos que, en total, suman la mayor porción de la población mundial.

Ya hay quien menciona la posibilidad de una guerra meteorológica. Todavía más si, como ha hecho público Pekín, el programa se extiende a un objetivo también global.

Aunque el cómo no sea ningún secreto de Estado. Para hacer realidad la “siembra de nubes” basta con usar un cóctel químico basado –habitualmente– en yoduro de plata, que actúa sobre las nubes y tiene efectos modulando la lluvia, la nieve o el granizo. En la graduación está su secreto, se repite.

Y se conoce desde que un empleado de General Electric lo descubriera por casualidad tras la Segunda Guerra Mundial.

EE.UU. intentó apaciguar los huracanes con esta técnica en el proyecto Stormfury. Vio un boom en los años 1950-1960 que en parte se perdió al saberse que se había utilizado en la guerra de Vietnam para inundar las carreteras y condicionar al Vietcong. Y de hecho Pekín inició su desarrollo en los 60.

A la duda responde Siems: “No tengo conocimiento de que los agentes de siembra de uso común (por ejemplo, yoduro de plata) hayan tenido impacto. En Australia se llevó a cabo un análisis medioambiental muy detallado hace 15 años y se sigue monitoreando anualmente el agua subterránea.

La concentración general de estos agentes de siembra es realmente muy pequeña en comparación con el combustible necesario para dispersarlos (por ejemplo, combustible de avión o de un generador terrestre).

La siembra higroscópica comúnmente usa sal, que es aún más benigna. Pero se está realizando un esfuerzo por desarrollar agentes de siembra nuevos y más eficaces y no puedo hablar por ellos”.

Se ignora en cierta manera su repercusión real. De ahí el creciente escepticismo. La unilateralidad de los proyectos por parte de China aumenta, además, las suspicacias.