El ‘caso Cienfuegos’ alimenta la larga historia de desencuentros entre la DEA y México

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Redacción.- Estados Unidos mantiene agentes antinarcóticos en México desde hace casi un siglo. Su rol ha cambiado al ritmo de las necesidades del gigante norteamericano, que desde mediados del siglo pasado privilegia la guerra contra las drogas como el núcleo de su política de seguridad. Los esfuerzos de EE UU siempre han causado revuelo en México.

Pero pocas veces tanto como en el caso del general Salvador Cienfuegos.

Su detención en Los Ángeles en octubre y el posterior choque diplomático entre ambos países elevaron la tensión a niveles no vistos desde el asesinato de Enrique KIKI Camarena en Guadalajara, en 1985. La cuestión ahora es qué consecuencias tendrá a largo plazo.

Las operaciones antinarcóticos de EE UU en América Latina distan mucho de la lucha entre buenos y malos que ha saltado a la pantalla en series como Narcos. En su trabajo Taking the War on Drugs Down South: The Drug Enforcement Administration in Mexico (1973–1980), el académico Carlos Pérez Ricart recuerda los primeros años de la guerra contra las drogas en México. Desde la década de 1930, la obsesión de Estados Unidos era detener el tráfico de opio al país, una época en la que los cultivos de amapola en Chihuahua, Sinaloa, Durango y otros territorios al sur del río Bravo aumentaban en importancia.

La idea de que un cuerpo policial puede operar más allá de sus fronteras fue, de inicio, problemática. La doctora Mónica Serrano, experta en crimen transnacional y relaciones internacionales, señala la “extraterritorialidad” de la DEA en particular y de EE UU en general como el germen del problema. Una estrategia invasiva que convertía toda América Latina en una extensión del law enforcement estadounidense. Desde los ochenta, la DEA tuvo mucho más poder e influencia fuera de Estados Unidos que dentro de su territorio, agrega Celia Toro.

Para Serrano, investigadora de El Colegio de México, el affaire Cienfuegos es herencia de aquella forma de funcionar. “América Latina, como espacio natural de la hegemonía norteamericana, ha sido el escenario de los excesos: la captura de Noriega en Panamá después de haber sido aliado de la CIA. O la amenaza contra [el presidente] Samper en Colombia por las acusaciones de que el narco había donado dinero a su campaña. Son acciones que atentan contra la autonomía de los Estados”, argumenta la académica. “En México no había ocurrido algo así, aunque hay un antecedente: el episodio alrededor del asesinato de Kiki Camarena y lo que eso detona, en términos de exabruptos extraterritoriales de EE UU”, señala Serrano, “aunque no había habido un incidente del tamaño de Cienfuegos”.

Tras décadas de choques y crisis, los expertos consultados coinciden en que México y la DEA se necesitan mutuamente. “Si la DEA sale de México, los que ganan son los jefes del narcotráfico”, apunta Benítez. El desenlace del caso Cienfuegos, que no se ha cerrado en EE UU, puede ser determinante para marcar el tono de la relación bilateral tras la toma de posesión de Joe Biden, este miércoles. Los primeros meses de Biden, en el poder tras una de las transiciones más complejas de la historia, serán decisivos también para restablecer los contactos y dejar atrás los agravios de las últimas semanas, que atraviesan los sistemas de justicia, los gabinetes y las líneas rojas de ambos países.