Durante los últimos años, ha ido a la alza en Estados Unidos una práctica controversial en torno a la comercialización del plasma obtenido de la sangre, para aumentar los ingresos de personas que enfrentan problemáticas económicas debido a los altos costos de vida e inflación.
Cada vez más estadounidenses, que se encuentran sin trabajo o no les alcanza el dinero para llegar a fin de mes, recurren a vender plasma.
Estimaciones recientes indican que la población estadounidense de recursos limitados, principalmente jóvenes desempleados, estudiantes o en vulnerabilidad, vendió alrededor de 62.5 millones de litros de plasma el 2025, generando cerca de 4.700 millones de dólares en ingresos para quienes participaron de esta actividad.
De acuerdo con datos actualizados de la Corporación Federal de Seguro de Depósitos del gobierno de Estados Unidos (FDIC), en los centros de plasma se paga en promedio 50 dólares por donación (uno 862 pesos mexicanos), según la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) se permite hacer donaciones hasta dos veces por semana; un donante puede ganar hasta 400 dólares (más de 6 mil pesos) por mes de forma legal.
Estos datos están centrados únicamente en la venta de plasma, ya que la sangre no se paga en los centros de donación.
Entre el 2009 y el 2021, la cantidad de centros de plasma en Estados Unidos pasó de 300 a más de 1000. Las principales ubicaciones donde aumentó la cantidad de dichos espacios son Illinois, Michigan, Florida, Nueva York, Ohio e Indiana, según los últimos datos de la FDIC.
Productos derivados del plasma son esenciales en los tratamientos modernos para numerosas condiciones médicas, lo que convierte a la recolección remunerada en un negocio lucrativo para las empresas y atractivo para los donantes.
¿Hay riesgos para la salud si se dona con frecuencia?
Esta práctica ha generado debate ético y de salud. Aunque proporciona ingresos adicionales para algunos, expertos señalan riesgos si se dona con demasiada frecuencia y cuestiones sobre si la compensación monetaria puede llevar a personas económicamente vulnerables a priorizar el ingreso sobre su bienestar a largo plazo.
De acuerdo con la FDA, los donadores frecuentes pueden llegar a presentar algunas complicaciones físicas, como el agotamiento de proteínas y electrolitos, lo que ocasiona fatiga o mareos.
A largo plazo se tiene que monitorear los niveles de proteínas y hierro, en especial previo a la donación, si bien el cuerpo regenera los nutrientes, los niveles bajos pueden influir en la capacidad de donar.