Las posadas son las celebraciones más conocidas en México durante la temporada navideña, una tradición, que tiene sus orígenes en la época colonial, rememora la peregrinación de María y José en busca de un refugio en Belén, justo antes del nacimiento de Jesús.
El origen de las posadas está vinculado con la llegada de los conquistadores españoles, quienes trajeron consigo la tradición de las misas de aguinaldo. Estas misas, realizadas al aire libre, combinaban elementos de la religión católica con representaciones teatrales sobre la Navidad, precursoras de lo que hoy conocemos como pastorelas.
Los aztecas, por su parte, celebraban en diciembre la llegada de Huitzilopochtli, pero con la colonización española, esta festividad fue sustituida por la tradición cristiana.
A lo largo de los años las posadas han evolucionado, adaptándose a las distintas realidades sociales y culturales del país, pero manteniendo intacto su propósito original: ser una expresión de fe, comunidad y unión.
Entre ellas destacan algunos simbolismos:
Los villancicos que son cantados con entusiasmo durante el recorrido; sus letras son alusivas al nacimiento de Jesús y llenan las calles de alegría y esperanza.
La romería, que simula la travesía de los peregrinos.
La piñata, un elemento festivo que tiene una fuerte carga simbólica, pues tradicionalmente es de siete picos, representando los pecados capitales, y su ruptura simboliza la victoria del bien sobre el mal. Este acto, más allá de ser una simple diversión, encierra un mensaje moral y es un momento esperado por niños y adultos por igual, que participan de manera activa en esta tradición.
Las posadas comienzan el 16 de diciembre y finalizan el 24, en un recorrido que tiene lugar durante las noches previas a la Navidad. Cada jornada representa una etapa más en la búsqueda de refugio de los peregrinos.