Durante dos noches consecutivas, una tormenta solar desató uno de los eventos más impactantes del año: auroras boreales que se dejaron ver en más de 20 estados de los Estados Unidos, desde Alaska hasta Pensilvania.
El cielo nocturno se transformó en un teatro de luces púrpuras y rosadas. La fuente de este fenómeno fue una poderosa erupción solar que impactó la magnetosfera terrestre.
Lo que normalmente es un privilegio para las latitudes árticas, fue visible incluso para estados como Illinois, Oregón y Massachusetts.
Aunque las auroras boreales son relativamente frecuentes cerca del Círculo Polar Ártico, su aparición en estados del norte de EEUU, y mucho más en regiones más al sur, es excepcional. Para que esto ocurra, deben coincidir varios factores: una fuerte tormenta solar, una orientación específica del campo magnético solar, cielos despejados y una atmósfera libre de contaminación lumínica.
Los modelos del índice Kp, que mide la actividad geomagnética en una escala del 0 al 9, alcanzaron valores cercanos a 7.67, de acuerdo a la NOAA, lo que permitió que el espectáculo se extendiera por una franja inusualmente amplia del continente.
Las auroras se producen cuando partículas cargadas provenientes del Sol colisionan con los átomos de la atmósfera terrestre. Al llegar a altitudes elevadas, estas partículas excitan los átomos de oxígeno y nitrógeno, que liberan energía en forma de luz. El resultado es un espectáculo visual que, dependiendo de la altitud y del gas involucrado, puede variar de verde a rojo, azul o violeta.
Pero lo más sorprendente es que estas luces celestiales son también mensajeras de fenómenos violentos: tormentas solares que pueden alterar comunicaciones, afectar satélites y hasta dañar redes eléctricas.
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— PNW Aurora and Adventures (@PNWAurora) June 2, 2025