Las renuncias se multiplicaron en la red social luego del ultimátum de Elon Musk, nuevo dueño y jefe de la compañía, quien pidió a los empleados que sobrevivieron la ola de despidos, que eligieran entre “entregarse completamente, incondicionalmente”, o marcharse.
El miércoles Musk había pedido individualmente a los empleados que se comprometieran a “trabajar muchas horas a alta intensidad”, “para construir un Twitter 2.0 revolucionario y tener éxito en un mundo cada vez más competitivo”.
Ante ello cientos de trabajadores de Twitter optaron por irse el jueves, revelaron medios estadounidenses.
Quienes renunciaron recibirían tres meses de indemnización por despido, un método inusual incluso en Estados Unidos, donde las leyes laborales protegen menos a los empleados que en muchos otros países desarrollados.
La mitad de los 7 mil 500 empleados de la empresa con sede en California ya fueron despedidos hace dos semanas y unos 700 empleados ya habían dimitido meses atrás, incluso antes de estar seguros de que la venta se concretaría.
“Números récord de usuarios están iniciando sesión para ver si Twitter está muerto, ¡irónicamente, haciéndolo más vivo que nunca!” llegó a publicar el magnate.
El jueves por la tarde, Twitter advirtió a todos los empleados que los edificios de la empresa estaban temporalmente cerrados e inaccesibles, incluso para el ingreso con tarjeta identificatoria, según un memorando interno divulgado.