Por: Excélsior
Londres, Inglaterra.- ¿Quién en el planeta, desde hace casi medio siglo, no sabe quién es Madonna?
Sería imposible pensar que haya alguien que no conozca ese nombre o haya escuchado una canción suya. Pero si bien la música fue la que la catapultó a la fama mundial –y sin duda la colocó en un lugar muy especial de la historia– fue la danza la que la llevó a ella.
Su música y su actitud hacia la vida ha marcado generaciones y ha abierto la puerta para que hoy en día las mujeres tengan un lugar digno, aún no como debiera ser, en la industria musical.
Madonna es sinónimo, sí, de éxito y glamour, pero detrás de eso hay una mujer que a sus 67 años no puede estarse quieta a un nivel creativo; su vida es la música, sin duda, pero reconoce la danza como el origen de todo y eso lo deja claro en Confessions on a Dance Floor Part II, su nuevo disco.
“Es un álbum sobre la consciencia y la libertad. Bailar no es un acto sin sentido, sino que te permite crear un sentido de comunidad y conexión. Hoy, con los smartphones, ya no nos conectamos de verdad, aunque nos engañemos pensando que sí.
En cambio, cada pista de baile es un espacio ritual donde liberas tu cuerpo y tu mente, la ansiedad desaparece y tienes la oportunidad de alcanzar quizás un estado de consciencia más profundo. El baile me marcó un rumbo, me permitió escapar de lo que consideraba una vida bastante monótona en el Medio Oeste, ir a Nueva York y perseguir mis sueños”, confesó Madonna en entrevista para Vogue Italia.
En 1978 Madonna se mudó de Michigan a Nueva York para buscarse la vida y hacer una carrera en danza contemporánea y el mejor lugar para practicar eran las pistas de baile de finales de los 70 e inicios de los 80 en una ciudad que en esos años era una urbe en crisis y asolada por la criminalidad, pero al mismo tiempo el mayor epicentro de creatividad, arte, música y moda del mundo. Ahí, en ese ambiente, fue donde comenzó a gestarse una estrella irrepetible, específicamente en la disco Danceteria.
“Grabé mi demo de Everybody y me dijeron que había un DJ llamado Mark Kamins. Todos me decían: ‘Tienes que ir, tienes que conocerlo, y procura vestirte de forma original porque no te dejarán entrar si no tienes un aspecto interesante’. Yo pensaba: ‘¡Mierda! No tengo ropa interesante. Vivía con mi ropa de bailarina porque por eso me mudé a Nueva York, para ser bailarina.
“Probablemente tenía un aspecto totalmente patético haciendo fila en Danceteria. Fue entonces cuando Martin (Burgoyne) se me acercó. Era muy guapo: cabello rubio rizado, aretes, pantalones cortos de golf a cuadros, Doc Martens, gafas negras y una camiseta blanca con un chaleco encima. Me dijo: ‘Pareces perdida’, y lo estaba. Me dijo: ‘Ven conmigo. Te dejo entrar’. Y se coló al principio de la fila. Todo el mundo lo conocía, saludaba a todos, el portero abrió la cadena, me dejó entrar y mi vida cambió por completo. Y, obviamente, fui allí a menudo porque estaba buscando la manera de congraciarme con Mark Kamins”, recordó la cantante en entrevista con Mel Ottenberg para Interview.
Así, y después de meses de acechar a Kamins y convencerlo de tocar su demo, el 13 de octubre de 1982, Madonna debutó por primera vez como cantante en el escenario de la disco.
“Ahora, No Entiendes se enorgullece en presentar el estreno mundial de Sire Recording Artist, Madonna”, dijo Haoui Montaug, presentador y director del show No Entiendes en Danceteria, dándole a Madonna su primera oportunidad frente al público que, sobra decir, quedó encantado con su actuación.
“Pero volviendo a Danceteria, obviamente Martin era mi mejor amigo. Él, Mark, Debi y mucha otra gente, eso se convirtió en mi comunidad, mi grupo de amigos. Siempre estábamos juntos. Esa fue una de las épocas más fabulosas de mi vida”, recordó Madonna, quien en este nuevo disco no es una casualidad que haya una canción llamada Danceteria.
Para la cantante, Confessions II no sólo es un disco, es un homenaje a sus primeros años en la industria, a su andar por los escenarios, al hambre de querer ser alguien y estar tan comprometida con eso que tiene claro el camino. Y si bien en un inicio quería que fuera una continuación de Confessions On A Dance Floor, resultó algo más profundo y completamente nuevo, reflejando que a sus 67 años no tiene la más mínima intención de dejar el trono del pop en un futuro cercano.
Por eso, después de 15 años, volvió a contactar con Stuart Price, quien fue productor de Confessions On A Dance Floor y director musical del Celebration Tour de 2023. Al término de la gira, Madonna iba a hacer una película biográfica con Universal Pictures que no se concretó por falta de presupuesto para el proyecto; después Netflix se interesó en una bioserie, pero el proceso se prolongó por no encontrar al showrunner exacto para este proyecto.
¿Y que hizo la reina del pop?, lo mejor que sabe: música. Y se le ocurrió hacer un álbum de música disco como una distracción hasta ver que sucedía con los proyectos visuales y contactó a Price.
“Me puse en contacto con Stuart porque pensaba que el mundo estaba pasando por un momento muy oscuro y que la gente necesitaba bailar. Hacía mucho tiempo que no trabajaba con él. Acabábamos de terminar el Celebration Tour juntos, pero aparte de eso, no lo había visto ni hablado en unos 15 años. Vivía en Nueva York y lo contacté pensando: ‘¿Y si intentamos hacer Confessions On A Dance Floor: Part II y volvemos al mundo de la música dance inspiradora?’ Así que vine a Londres, fui a su estudio y estuvimos experimentando para ver si había química entre nosotros. Estaba pasando por muchas cosas en mi vida personal. Mi hermano estaba muy, muy, muy enfermo, y mi madrastra, con quien había tenido una relación muy traumática durante toda mi infancia, acababa de fallecer.
Me cuesta escribir una canción sobre la nada. Necesito contar una historia. Así que escribí sobre muchos traumas familiares, y luego empezamos a hacer música dance. Lo pensé un par de veces y luego dije: ‘Esto es lo correcto. Me siento bien. Así que, a menos que Netflix me llame mañana con un showrunner que me guste, voy a seguir por este camino’. Claro, a mitad del proceso, cuando ya llevábamos más del 75 por ciento, encontramos al showrunner y pensé: ‘Ya no puedo dar marcha atrás. Tengo que acabar esto’. Y eso fue lo que hice”, le dijo a Ottenberg.
Así, en un periodo de casi dos años fue como Madonna y Price fueron hilvanando cada uno de los sonidos y las letras que querían plasmar en este disco que, al final, no es una continuación, sino un proyecto con el cual la estadunidense confirma, una vez más, que es una maestra de la reinvención.
It’s Showtime!
Después de siete años del lanzamiento de Madame X, Madonna regresa con 16 canciones que bailan entre el acid house, house, pop, electrónica y, por supuesto, la música disco, y dan forma a Confessions II, un puente entre el pasado y el futuro.
En el sencillo Bring Your Love tiene como invitada a Sabrina Carpenter, una de las estrellas del momento, y confía remezclas a DJ de renombre como Peggy Gou. En Bizarre, reclutó al DJ neerlandés Martin Garrix; para My Sins Are My Savior, Madonna llamó al rapero belga Stromae; el toque latino lo dio Feid en Read My Lips, y la gran sorpresa fue su hija Lola Leon con quien creó The Test.
“Me han sucedido muchas cosas importantes en el camino. Por ejemplo, la canción que escribí con mi hija, Lola. Ella me propuso escribir una canción juntas para sanar nuestra relación. Fue un momento crucial que reafirmó mi convicción de que ahora era el momento de grabar este disco”, aseguró.
Para Madonna la música y la danza son arte, pero para hacerlo hay que sentirlo, por lo que ella considera que todo aquello que esté basado en una inteligencia artificial no podría considerarse arte porque simplemente carece de la parte y la emoción humana.
“Antes, te reunías con pintores, músicos, bailarines y artistas en un mismo lugar, trabajando desde un espacio de profunda conexión. Valoro muchísimo esa experiencia. Hoy en día, eso ya no se ve, ahora, para conseguir un contrato discográfico, lo que importa es cuántos seguidores tienes”.
Por eso, en Bring Your Love digo: ‘No intenten distraerme con números’. Para mí, todo empezó con dejar de pensar en las listas de éxitos, en las cifras de reproducciones en streaming. Los algoritmos y la inteligencia artificial son lo opuesto a arriesgarse y, para mí, eso es lo opuesto a hacer arte”, detalló a Vogue Italia.