El Niño llegó a su fin y debido a que este fenómeno genera un calentamiento anormal de las temperaturas del agua en los océanos, su término generará cambios climáticos en todo el mundo.
Este evento se apoderó del mundo desde el inicio del verano pasado y alcanzó un superestatus a principios de este año, después de aumentar las temperaturas durante el año más caluroso registrado.
Según el Centro de Predicción Climática de la NOAA, tras la salida de El Niño ha iniciado una fase neutral, pues el fenómeno La Niña, que causa el efecto contrario, aún no se ha presentado pero es probable que esté firmemente posicionada en septiembre, en el pico de la temporada de huracanes.
Los pronósticos prevén un 70% de probabilidades de condiciones de La Niña durante los próximos tres meses en América Latina, dijo el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN).
El patrón de La Niña se caracteriza por temperaturas inusualmente frías en el océano Pacífico ecuatorial y está relacionado con inundaciones y sequías.
El ciclo entre los patrones meteorológicos de El Niño y La Niña -que pueden generar incendios forestales, ciclones tropicales y sequías prolongadas– es vital para los agricultores de todo el mundo.
En América Latina, han afectado a cultivos como el trigo, la soja y el maíz, perjudicando a economías regionales a menudo muy dependientes de la agricultura.