A cinco años del surgimiento del COVID-19, la enfermedad que sacudió al mundo en 2020, ha pasado a ser un “virus más” en lo cotidiano de nuestras vidas, sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sigue emitiendo alertas sobre sus riesgos y consecuencias.
Aunque los casos y muertes han disminuido drásticamente, el SARS-CoV-2 sigue siendo una amenaza latente, especialmente para los más vulnerables.
En 2024, se notificaron 3 millones de casos de COVID-19 a nivel mundial, muy lejos de los 445 millones reportados en 2022, el año con mayor incidencia.
Las muertes también cayeron: 70,000 este año frente a los 3,52 millones de 2021. Estos datos reflejan un cambio significativo en el impacto del virus gracias a las vacunaciones masivas y la evolución de este hacia variantes más contagiosas pero menos letales.
Según la OMS, ahora se compara con enfermedades como la gripe.
Los primeros casos se detectaron en Wuhan, China, en diciembre de 2019. La OMS emitió su primera alerta el 5 de enero de 2020, declaró la emergencia internacional el 30 de ese mes y la pandemia el 11 de marzo. Desde entonces, el virus ha afectado a 777 millones de personas y causado al menos 7 millones de muertes confirmadas, aunque la OMS estima que la cifra real podría superar los 20 millones.
El impacto de la COVID-19 ha impulsado a la OMS a liderar negociaciones para un tratado contra pandemias. Este busca mejorar la preparación global ante futuras amenazas, como la gripe aviar o la hipotética “enfermedad X”. Sin embargo, las negociaciones se han visto obstaculizadas por desacuerdos sobre la distribución equitativa de vacunas y tratamientos.