OpenAI lanzó una nueva versión de ChatGPT diseñada para adolescentes, una generación que ya utiliza la inteligencia artificial para tareas escolares, consejos sobre situaciones cotidianas e incluso como forma de compañía digital.
La versión para adolescentes, disponible desde ayer para usuarios de entre 13 y 17 años, incorpora mayores controles de seguridad que restringen contenidos relacionados con autolesiones, suicidio e interacciones románticas o sexuales.
La plataforma también incluye herramientas educativas orientadas a ayudar a los estudiantes a comprender sus tareas, en lugar de limitarse a generar ensayos completos o proporcionar respuestas terminadas.
OpenAI señaló que el objetivo es fomentar hábitos saludables en el uso de la inteligencia artificial dentro de un entorno adaptado a la edad de los usuarios.
“Queremos tratar a los adolescentes como lo que son. Eso significa tener en cuenta su etapa de desarrollo, sin hablarles con condescendencia ni tratarlos como niños, pero asegurándonos también de que no estén expuestos a contenidos que no deberían ver”, explicó Ann O’Leary, vicepresidenta de Política Global de OpenAI.
Padres, educadores y especialistas en desarrollo infantil llevan tiempo advirtiendo sobre los riesgos del uso de chatbots de inteligencia artificial entre menores, desde facilitar trampas en tareas escolares hasta su posible papel en situaciones relacionadas con el suicidio. Los expertos también señalan que los adolescentes, cuyo cerebro aún está en desarrollo, pueden ser más vulnerables a atribuir características humanas a la IA y establecer vínculos poco saludables con ella.
El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, señaló que la compañía estudia la “dependencia emocional excesiva” de esta tecnología, un fenómeno que describió el año pasado como “muy común” entre los jóvenes.
Para reducir ese riesgo, ChatGPT para adolescentes tiene restricciones que le impiden atribuirse sentimientos, conciencia o emociones, además de bloquear conversaciones de carácter romántico o sexual.
OpenAI no verifica de forma directa la edad de los usuarios, pero utiliza distintos factores, como el tipo de consultas que realizan, para estimar si son menores de 18 años. Quienes sean identificados por el sistema o se presenten como menores pasarán de forma automática a la versión para adolescentes, un enfoque similar al de Instagram, cuyas cuentas juveniles tienen mayores restricciones de contenido, conversaciones y privacidad.