Al menos 32 personas murieron y 110 resultaron heridas este jueves en un doble atentado suicida contra un mercado en el centro de Bagdad.
El ataque, el primero de esas características en varios años, supone un duro golpe para la capital iraquí que, a pesar de las convulsiones políticas, había logrado recuperar una cierta normalidad desde la derrota del Estado Islámico (ISIS) en 2017.
Ningún grupo ha reivindicado la matanza.
Ocurrió en el mercado al aire libre de la plaza de Al Tayarán, justo en el mismo lugar donde hace tres años el Estado Islámico perpetró un ataque similar.
La zona, muy popular por la venta de ropa de segunda mano, estaba especialmente concurrida tras meses de encierro a causa de la crisis del COVID.
Según el portavoz militar Yehia Rasool, dos sujetos se hicieron estallar cuando eran perseguidos por las fuerzas de seguridad, sin embargo, testigos han dicho que el primer suicida fingió sentirse mal para atraer la atención antes de detonar sus explosivos y el segundo actuó cuando la gente acudía a ayudar a las víctimas.
Se trata de una táctica muy usada por el autodenominado Estado Islámico para maximizar el daño.
Este atentado fue condenado por el presidente de Irak, Barham Saleh, que escribió en Twitter que las autoridades están “plantando cara con firmeza a estos intentos de desestabilizar el país” y atribuyó la autoría del ataque a “grupos oscuros”.
Algunos analistas iraquíes especulan con que sea fruto de la lucha de poder desatada por el retraso de las próximas elecciones.