Tras una larguísima jornada llena de obstáculos procesales y para la historia, así fue la votación que celebró en la Cámara de Representantes de EEUU para convertir a Donald Trump en el tercer presidente de la historia del país en someterse a un “impeachment” o juicio político para su recusación.
Fue hacia las ocho y media de la noche del miércoles, que en la votación del primero de los dos artículos del “impeachment”: abuso de poder. Fue en el momento en el que los votos de los demócratas, que cuentan con mayoría en la cámara baja y que se posicionaron a favor del procesamiento de Trump casi por unanimidad, se demostraron suficientes para doblegar la oposición republicana.
En ese mismo momento, Trump se encontraba en un atril en un mitin político en Michigan, uno de los estados clave que decidirá la reelección del multimillonario neoyorquino y eligió ese escenario para reivindicar lo que él considera un “golpe de estado” que no evitará su permanencia en la Casa Blanca por las urnas.
Poco después, el pleno de la cámara baja aprobó también el segundo artículo, el de obstrucción al Congreso. Como consecuencia, Trump se enfrentará a esos dos cargos a partir de enero en el juicio que se celebrará en el Senado, en el siguiente capítulo de una saga interminable pero con final conocido: los republicanos tienen mayoría en la cámara alta y, salvo sorpresa mayúscula, Trump no será recusado.
Trump ha entrado así en un club de los presidentes que han pasado por el “impeachment” y que hasta ahora solo tenía dos miembros: Andrew Johnson, procesado por el Congreso, en 1868, Richard Nixon en 1973 y Bill Clinton, que pasó por el mismo trago en 1998.
Pero será el primero en someterse a un “impeachment” el mismo año que tendrá que buscar la reválida de las urnas. Y es innegable que el juicio político y la reelección son vasos comunicantes.
Demócratas y republicanos volvieron a mostrar la división profunda que divide a la clase política y se ha extendido también a la opinión pública.
La principal voz republicana durante la jornada fue la de Douglas Collins, que repitió las posiciones de su partido: el impeachment “está basado en presunciones”, “no es justo”, es “partidista”
La división es esencial: los demócratas defienden el juicio a Trump como la forma de respetar la constitución y salvar su democracia; los republicanos dicen lo mismo para justificar su oposición.