La estampida durante la celebración de Halloween en Seúl, Corea del Sur, que la madrugada del domingo causó al menos 154 muertos, 26 de ellos extranjeros, figura entre las más letales de los últimos 10 años.
Todo ocurrió en la pendiente de un estrecho callejón de 45 metros de largo y cuatro de ancho, que conecta la salida 1 de la estación de Itaewon con World Food Street, una animada calle peatonal llena de populares bares y discotecas en el centro de Seúl.
Era sábado, fiesta de Halloween, llevaban semanas promocionando sus eventos, fue allí donde una multitud disfrazada quedó atrapada durante más de hora y media.
Los empujones de los que subían y de los que bajaban avivaron un tapón que acabó en estampida de la que muchos nunca lograron salir del callejón: murieron asfixiados.
Los más jóvenes de una metrópolis de 10 millones de habitantes que recuperó hace poco su vibrante vida nocturna después de que las restricciones por la pandemia durante más de dos años.
La masa multicultural se apretujó encantada en el primer gran evento sin mascarilla y sin órdenes de distanciamiento social. Había más de 100.000 personas, estimaron las autoridades.
Las imágenes que se viralizaron después de que se conociera la tragedia, muestran las maniobras de RCP en plena calle, sin apoyo médico. Es que la multitud no solo provocó al estampida sino que también bloqueo los accesos para que la ayuda llegara rápidamente.
En India, en una fiesta religiosa una avalancha humana dejó 115 muertos; en La Meca en 2015, una estampida dejó 2.300 muertos; en Israel en 2021 en una peregrinación quedaron sin vida 45 personas mientras que en Indonesia hace unas semanas en un partido de fútbol un evento similar dejó 133 muertos.