El líder autoritario de Venezuela, Nicolás Maduro, fue declarado ganador de unas tumultuosas elecciones presidenciales por la autoridad electoral la madrugada del lunes 29 de julio, a pesar del enorme impulso de un movimiento opositor que se había convencido de que este era el año lo desbancaría.
De acuerdo al New York Times, la votación estuvo plagada de irregularidades y los ciudadanos protestaban contra las acciones del gobierno en los centros de votación, incluso mientras se anunciaban los resultados.
Con el 80 por ciento de los centros de votación escrutados, la autoridad electoral declaró que Maduro había recibido el 51,2 por ciento de los votos, mientras que Edmundo González, había recibido el 44,2 por ciento.
“Ganamos y todo el mundo lo sabe”, declaró la líder opositora más popular del país, María Corina Machado, quien calificó de “imposible” el resultado declarado.
Millones de venezolanos habían apoyado al candidato de la oposición, Edmundo González, un antiguo diplomático poco conocido que se convirtió en contendiente luego de que Machado fue inhabilitada por el gobierno de Maduro para participar en la votación.
Durante los 25 años que ha tenido el partido de Maduro en el poder, ha presidido un extraordinario desplome económico, como en ningún otro territorio sin guerra, y se ha convertido en la fuente de una de las mayores crisis migratorias del mundo.
En Venezuela hay dos tipos de recuento de votos: un conteo digital que recibe el organismo electoral del país -que dirige un aliado de Maduro- y un recuento en papel que imprime cada máquina de votación en los centros de votación. El recuento en papel suele ser la forma en que los ciudadanos pueden verificar que el conteo digital es correcto.
Pero este año, en algunos centros de votación clave, los funcionarios electorales se negaron a entregar los recuentos en papel a los observadores electorales, por lo que con los escasos recuentos en papel, el país no tiene manera de verificar el resultado anunciado por el partido gobernante.