Para Nicaragua se avecina una dictadura tras las afirmaciones del presidente que planea “abolir el voto”.
Ortega, copresidente del país junto a su esposa, Rosario Murillo, es acusado de manipular las elecciones recientes. Ahora, el líder autoritario dice que la nación ni siquiera celebrará una votación.
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, dijo el domingo que aboliría las elecciones de su país, una maniobra flagrante para fortalecer aún más el control autoritario de él y su esposa en la nación de siete millones de habitantes.
“Aquí no volverán a haber elecciones”, dijo Ortega, de 80 años, en un mitin del gobierno que marcaba el aniversario número 47 de la revolución de su movimiento izquierdista, ante escasos aplausos. Luego acusó a sus opositores de intentar usar las elecciones para “atrapar el gobierno, atrapar el poder”.
El pronunciamiento marcó un fin explícito a cualquier pretensión de que Nicaragua era todavía una democracia.
Ortega y su esposa y copresidenta, Rosario Murillo, han ejercido un control completo sobre la nación centroamericana durante años. Su gobierno ha manipulado elecciones, desmantelado instituciones, asesinado a manifestantes, perseguido a disidentes y encarcelado a críticos, periodistas, figuras religiosas, políticos de oposición e incluso a personas que habían sido leales al movimiento por mucho tiempo, según grupos de derechos humanos y la Organización de Naciones Unidas.
Desde que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, fue capturado por fuerzas estadounidenses en enero y el gobierno de Donald Trump ha aumentado la presión en Cuba —dos países latinoamericanos aliados con Nicaragua—, los expertos han dicho que el gobierno de Ortega-Murillo ha estado operando bajo una mayor paranoia.