Antes de iniciar el mandato de Joe Biden, los focos del escrutinio se centran en su hijo Hunter, investigado por sus negocios y que ya estuvo en el punto de mira de los republicanos por sus relaciones empresariales en Ucrania, reza El País.
Cuando jure su cargo, Biden cruzará las puertas de la Casa Blanca con Hunter Biden y sus problemas legales.
A menos que el Departamento de Justicia de EEUU deje libre de cargos al único hijo varón vivo de su sucesor antes de esa fecha, el nuevo presidente se verá ante la tesitura de decidir si su Gobierno abre una investigación que podría exponer a su hijo a una acusación penal.
De momento, y a pesar de que el recién dimitido fiscal general William Barr se ha distanciado de Trump al declarar que no veía razón alguna para nombrar a un investigador especial tras abrir la Fiscalía de Delaware un caso por los impuestos de Hunter Biden, en las filas republicanas lo reclaman para asegurar que el asunto quede alejado de cualquier tipo de favoritismo.
La vida de Hunter Biden ha estado marcada; empezando por la muerte de su madre en un accidente de tráfico cuando apenas tenía tres años.
Alcohol, drogas, prostitutas, un matrimonio fracasado, la relación sentimental con la viuda de su hermano, Beau, y varios centros de rehabilitación están en la biografía de más de la mitad de su joven vida.
Para empezar, las actividades pasadas del abogado y empresario han sido blanco de las acusaciones del mandatario saliente.
“Todo el mundo tiene traumas. En cada familia hay adicciones. Yo estaba perdido. Estaba en un túnel, un túnel sin final, del que nunca sales”, relataba Hunter Biden en un perfil escrito por Adam Entous en The New Yorker el año pasado.
En estos momentos, se enfrenta a una investigación federal, llevada a cabo por la Fiscalía de Delaware, sobre sus “asuntos fiscales”, como él mismo declaró, en relación con sus complicadas actividades financieras, aunque hasta la fecha no se ha probado ninguna conducta ilegal.