El tristemente famoso Festival de Yulin abrió en China donde ni la crisis del COVID-19, ni las protestas internacionales por la cruel matanza de perros, ni la determinación del gobierno de retirar a los perros de la lista de animales de abasto, han impedido que se ponga en marcha este encuentro popular.
En esta “feria” que se celebra oficialmente desde 2009, se consume carne de perro y lichi (fruta exótica) como parte de una supuesta recuperación de la cultura tradicional china y se ha hecho famoso en todo el mundo, en especial por las críticas.
Una parte de la población de esta ciudad china y sobretodo los comerciantes y “cocineros” tratan de evitar la presencia de periodistas, animalistas y curiosos, pero diversas agencias han recogido informaciones que confirman que desde el pasado día 21 vuelve a funcionar este festival anual, que coincide con el solsticio de verano y puede alargarse durante 10 días.
Las medidas de salubridad siguen siendo ínfimas, tanto en el control de procedencia de los animales como en la venta de su carne, pero se ha tratado de esconder la parte más cruel de este ‘festival’ para apartar el foco de los grupos animalistas y los medios de comunicación foráneos.
El pasado mes de abril, Shenzhen se convirtió en la primera ciudad de China en prohibir el consumo de perros, y otros territorios han seguido el mismo camino pero todavía no existe una prohibición total en el conjunto de país.