Una decena de voluntarios patrullan cada noche, en Ainata, las montañas de Líbano, vigilando las hectáreas de árboles centenarios amenazados por la tala ilegal, un fenómeno cada vez más frecuente.
Los enormes troncos de los árboles son víctimas de la acción de traficantes que suelen llegar de noche en vehículos todoterreno y motosierras.
Las autoridades acusan a las bandas organizadas de talar los robles y enebros, para luego vender la madera ilegalmente.
El tráfico se ha agravado con la crisis económica que paraliza Líbano desde 2019.
Frente a esta situación, varios donantes están financiando un equipo de agentes forestales.
Según el Ministerio de Medio Ambiente, el país alberga los bosques más importantes de Oriente Medio, de pino, roble, cedros y abetos.