Anthony Quinn Warner es señalado como responsable de la explosión que sacudió el centro de Nashville, Tennessee el día de Navidad, y según ha informado este domingo la policía, el hombre de 63 años habría fallecido.
Los investigadores del FBI encontraron en el lugar, que dejó tres heridos, restos humanos que ahora han cotejado con el ADN de Warner para certificar que el sospechoso murió dentro de la unidad que explotó .
El sábado, tanto la policía como el FBI se reunieron en el hogar de Warner en Antioch, a unos 15 kilómetros de donde se produjo el incidente, para registrar el lugar y hablar con los vecinos.
Según sus testimonios, Warren, que no estaba casado, había vivido durante años con sus progenitores, hasta que en 2011 falleció su padre y finalmente se mudó a vivir solo a una casa cercana a la de su madre, Betty Christine Lane, quién no pudo ser localizada para comentar lo sucedido.
Según los registros públicos, Warner obtuvo un permiso de manipulación de explosivos en noviembre de 2013, pero caducó en noviembre de 2016.
Según los vecinos, era un tipo solitario; hace unas tres semanas fue visto subido a una gran escalera instalando una antena en el tejado de su casa. Obsesionado con la tecnología y el hecho de que estaba siendo usada para espiar y controlar a los norteamericanos, Warner tenía instaladas cámaras de seguridad alrededor de su hogar.
Todas las personas contactadas para investigarlo coincidían en que era un especialista en electrónica con recelos hacia la tecnología 5G.
Los investigadores creen que sufría de paranoia en lo relacionado con esa tecnología punta, lo que encajaría con una de las posibles motivaciones para que el ataque se produjera frente al edificio de la empresa de telecomunicaciones AT&T.
Un vecino habló con él un día antes: Dijo que le preguntó: “¿Papá Noel te traerá algo bueno para Navidad?”. Según el vecino, Warner sonrió y le contestó: “Oh, sí, Nashville y el mundo nunca me olvidarán”.