Cuando la tripulación de cuatro astronautas se prepare para rodear la Luna el próximo 6 de febrero, lo hará a bordo de una nave Orion de 16,5 pies de anchura que arrastra un defecto conocido. Este detalle ha generado controversia, pues algunos expertos han exhortado a la NASA a no realizar el lanzamiento con personas hasta resolverlo del todo. Sin embargo, la organización aeroespacial confía en sus protocolos de control y reafirma que la nave está lista para proteger a sus ocupantes y traerlos de vuelta de manera segura.
La complicación se centra en el recubrimiento térmico especial de la nave. Este sistema es indispensable para garantizar la integridad de los astronautas frente al calor extremo del regreso, protegiéndolos mientras atraviesan la atmósfera en la fase de conclusión de la misión Artemis II.
Dicha sección crítica de la Orion guarda una enorme similitud con el escudo térmico de la predecesora Artemis I. Aquel vehículo de 2022 regresó del espacio con su sistema de protección afectado por anomalías visuales y estructurales, lo que impulsó a la NASA a estudiar detalladamente el comportamiento del material antes de volver a utilizarlo en humanos.
Aun con la NASA a punto de autorizar el componente térmico para la misión, incluso aquellos que confían en el éxito de la operación reconocen que se enfrentan a una amenaza cuya magnitud aún se desconoce.