A 18 años de la quiebra de Lehman Brothers, el costo de financiamiento de Estados Unidos roza los niveles más altos desde antes de que se desatará una de las peores crisis económicas mundiales de la historia.
El cuarto mayor banco de Estados Unidos se declaró en bancarrota a las siete de la mañana del 15 de septiembre de 2008. Fue un hecho trascendental que desencadenaría en “la peor crisis desde la Gran Depresión de 1929”.
Ahora, a poco menos de dos décadas de dicho evento, el repunte del precio del petróleo por la guerra en Irán, ha provocado que la inflación de la economía más grande del mundo, actualmente en 3.4 por ciento anual, modere su descenso a la meta de 2 puntos porcentuales, por lo que ese cóctel, aunado al desequilibrio fiscal, está removiendo los cimientos de la deuda estadunidense, la cual rebasó la cifra histórica de 40 billones de dólares en agosto de 2026, impulsada por déficits presupuestarios continuos y mayores costos de financiamiento.
La rentabilidad del bono del Tesoro de Estados Unidos cotiza en el umbral de 5 por ciento, a punto de marcar su nivel más alto en 19 años.
Es decir, los inversionistas exigen cada vez más intereses al Tesoro para comprar su deuda. Asimismo, los mensajes apocalípticos que apuntan a que la inteligencia artificial (IA) podría acabar con la humanidad en un corto periodo, ha abierto la discusión de una burbuja en el sector.
El mercado atendió los datos de precios al consumidor (inflación) que se publican el viernes (3.4 por ciento anual en agosto). La decisión sobre las tasas de interés de la Reserva Federal (Fed), el miércoles, tiene una probabilidad de una alza de tasa en 0.25 puntos porcentuales de 70 por ciento.
Al transcurrir los años, las economías se recuperaron del descalabro de Lehman, pero llegó una pandemia y ahora una guerra en Medio Oriente.
Así, aunque la inflación de agosto se mantuvo estable, la de septiembre seguramente subirá con el alza del petróleo de las últimas semanas. “Todo apunta a días volátiles”, prevé Ponce.