Con la muerte del papa Francisco comienza un período conocido como “Sede vacante” en el que deberá elegirse un nuevo sumo pontífice mediante un Cónclave, uno de los procesos electorales más secretos del mundo.
Una vez el camarlengo verifica la muerte del Papa, se inician los trámites para organizar un nuevo cónclave que oficialice el nuevo obispo de Roma, máximo representante del catolicismo en todo el mundo.
Cuando se confirma el fallecimiento, su cuerpo se expone en la Basílica de San Pedro para que los fieles le rindan homenaje.
Poco después se celebra una ceremonia dirigida por el Decano del Colegio de Cardenales, que da paso a los preparativos previos del camarlengo para el nuevo cónclave. Este debe comenzar entre 15 y 20 días después de la muerte del Papa.
El rito con el que los cardenales menores de 80 años se encierran en la Capilla Sixtina para elegir un sucesor. La ley vaticana estipula que deberá celebrarse en el plazo de 20 días.
La palabra Cónclave proviene del latín cum clave (con llave), acción que se lleva a cabo en la Capilla Sixtina, en manos del colegio de los cardenales quienes votarán en papeletas que se recogen y se queman al final de dos sesiones: matutina y vespertina, y el humo sale por una chimenea.
El humo negro indica que no se ha alcanzado un acuerdo, mientras que el humo blanco señala al mundo exterior que un nuevo papa ha sido elegido y el balcón de la Basílica de San Pedro resuena con un ‘Habemus Papam’, para que más tarde el nuevo pontífice acepte el cargo y elija su nuevo nombre papal.
2025
Esta vez habría 24 cardenales latinoamericanos posibles electores, aún lejos de los 55 europeos y una Iglesia con una mayor representación de países que hasta ahora no entraban en la Sixtina como Mongolia, Lesoto, Albania, Timor Oriental, Tonga, Irán y Argelia.
Según la revista Desde la Fe, entre los candidatos figuran dos cardenales mexicanos con posibilidades de ser elegidos como el nuevo Vicario de Cristo: Carlos Aguiar Retes y Francisco Robles Ortega.